Carta abierta de un futuro padre por gestación subrogada cliente de nuestro despacho.

El próximo mes mi marido y yo seremos padres mediante gestación subrogada en EEUU, o mediante un “vientre de alquiler” que es como lo llaman otras personas, ya sea por desconocimiento del concepto de subrogación, o por una abierta intención de ofender.

Estas semanas se ha intensificado el debate sobre la posibilidad de legalizar esta técnica de reproducción asistida en España, y las reacciones contrarias a izquierda y derecha están siendo virulentas y ofensivas.

Soy votante de izquierdas, socialista y feminista (no necesito que nadie me de un carné para ello). No pertenezco a ninguna asociación. No soy rico. No soy Cristiano Ronaldo ni Kiko Hernández. Soy un simple trabajador, y mi marido y yo hemos tenido que hipotecarnos para poder embarcarnos en este proceso. Estoy bastante seguro de que, salvo excepciones, la mayoría de familias que han optado por esta vía se parecen mucho mas a nuestro caso que al de las celebridades.

Cuando mi marido y yo decidimos intentar tener hijos hace 4 años, nuestro primer impulso fue adoptar. Cuando consultamos por la adopción nacional la lista de espera era de 9 años, y por nuestra edad, cuando fuese nuestro turno, se nos propondría un niño/a de acogida, no una adopción. En cuanto a la adopción internacional, es una vía prácticamente muerta, ya que la mayoría de países en los que hay posibilidad de adoptar vetan a parejas homoparentales e incluso a hombres solteros.

Decidimos entonces explorar la opción de la gestación subrogada en EEUU, algo completamente desconocido para nosotros y de lo que no resultaba tan fácil encontrar información como lo es ahora.

Después de valorar varios destinos, ambos estuvimos de acuerdo en vetar aquellos en los que no teníamos garantías sobre la evolución del embarazo, ni sobre las condiciones de la gestante, tanto sobre su libertad de elección como sobre su cobertura legal. De todas las opciones que nosotros exploramos en ese periodo el país que nos garantizaba todo esto fue USA.

Después de 1 año de espera la agencia en la que estábamos inscritos nos comunicó que una mujer se había ofrecido a gestar a nuestra hija. La alegría de aquel momento fue inmensa. La primera conversación telefónica que tuvimos con ella fue muy emocionante y no pudo ir mejor. Pero el momento que fue realmente increíble fue el día que fuimos a su ciudad a conocerla personalmente. Quedamos con ella y con su marido en un restaurante para poder hablar tranquilos en un terreno neutral. Cuando le preguntamos sobre su motivación para ofrecerse a realizar un acto tan generoso, nos contó que como enfermera de una maternidad había asistido a varias mujeres que dieron a luz a los hijos de otros, y le pareció un acto tan hermoso que decidió hacer lo mismo.

Ella y su marido (que también pertenece al mundo sanitario) tienen 3 preciosos hijos, y después de la cena decidieron invitarnos a su casa a conocerlos. Aceptamos su invitación con mucho gusto y vimos un cálido hogar en el que nos gustó vernos reflejados. Son una familia muy volcada con la comunidad. Todos los años acogen a niños de países en desarrollo para organizar torneos deportivos.

La gestante de nuestra hija no es única, hay miles como ella al año en EEUU. Todas han sido evaluadas previamente, y se garantiza que tiene una buena situación socioeconómica y familiar. También tienen que tener mas hijos, y han de someterse a estudio médico y psicológico antes del proceso.

Gracias a una legislación muy garantista estas mujeres actúan con plena libertad, por mas que le cueste a much@s aceptarlo. No son pobres, no están explotadas, y no son víctimas del neoliberalismo, a diferencia de tantas otras personas en el mundo. La explotación de seres humanos es una aberración contra lo que hay que luchar. Pero creo que abordar este debate utilizando como ejemplo permanente las granjas de mujeres explotadas de la India no tiene el mas mínimo sentido. De la misma manera que por el hecho de que existen minas de sangre en el Congo no tiene sentido proponer el cierra de la minería en España.

Somos un país desarrollado y tenemos que mirarnos en otros países desarrollados a la hora de legislar, ya sea sobre la gestación subrogada o sobre cualquier otra cosa.

Las gestantes por subrogación son mujeres muy valoradas en EEUU, porque se las considera extremadamente generosas. No son hornos, no son vasijas, no son mujeres cosificadas o sin libertad.

En EEUU lo hacen con una compensación económica, habitualmente escasa de manera comparativa con el coste total del proceso. No hay que olvidar que las mayores sumas de dinero caen en manos de una sanidad privada costosísima y una representación legal igual de costosa. Sobre este punto hay diversidad de opiniones, pero yo creo que alguien que cede su capacidad de gestar, no debe perder dinero en el proceso, y un embarazo supone muchas semanas de visitas médicas, permisos laborales, días de baja, cuidado de niños, y mas gastos, que yo creo que no deben nunca ir en perjuicio de la mujer que está cediendo su capacidad de gestar para que otras personas podamos formar una familia.

Ser padres no es un derecho, es un deseo hermosísimo, que en nuestro caso puede ser real gracias a la generosísima ayuda de una mujer valiente, digna y admirable.

Asisto dolido y horrorizado a los insultos, desprecios, y ofensas constantes de gente con la que luché en algún momento por los derechos LGTB y con los que salí los 8 de marzo a secundar la lucha por la igualdad real de las mujeres.

Asisto decepcionado al silencio en el mejor de los casos, sino directamente al desprecio, de los partidos de izquierdas a los que yo he depositado tantas veces el voto, llenos de complejos y temor a los principios de los sectores mas dogmáticos, y que están dejando a los partidos de derechas (liberales y no justamente feministas) tomar la iniciativa en la legislación sobre esta materia.

Espero que pronto se realice un debate serio, con valentía, serenidad, respeto y con datos reales y realistas. Sin mentiras, medias verdades y sin ofensas.

Cuando me decidí a ser padre, tuve miedo por las posibles ofensas que mi hija tendría que sufrir por el hecho de tener dos padres. Ahora pienso que me equivoqué en mi temor, y que las mayores ofensas las recibirá de otr@s intolerantes, por el hecho de haber sido gestada por una mujer que no es su madre.

Los mensajes de odio basados en mentiras me parecen repugnantes vengan de donde vengan, ya sea en forma de autobús naranja o en forma de vasija. Basta ya.

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